Mucho antes de imaginar siquiera un festival, Taxco ya era cine.
El cine ya rondaba por sus calles empedradas. Antes de que proyectáramos historias en el Festival, ya había quienes veían en esta ciudad un escenario cinematográfico único.

Desde las primeras décadas del siglo XX, cuando el cinematógrafo llegaba a México como una fascinación técnica y artística, Taxco empezó a seducir a viajeros, artistas y documentalistas que vieron en esta ciudad colonial un escenario natural para capturar.
Nacido en 1895 de la mano de los hermanos Lumière, el cine cruzó pronto los océanos y se convirtió en un fenómeno mundial. Las primeras proyecciones en México ocurrieron ese mismo año, y no pasó mucho tiempo antes de que los equipos fílmicos comenzaran a llegar a ciudades más allá de la capital. Taxco, con su traza colonial, sus cielos profundos y su fusión de historia minera y naturaleza, se volvió un imán para los pioneros del documental.

Durante la década de 1920, Taxco ya era un punto de interés para viajeros nacionales e internacionales. Llegaban los primeros autos, el turismo incipiente tomaba forma, y con ello, los ojos curiosos de artistas y cineastas. Entre ellos, Sergei Eisenstein, uno de los grandes directores del siglo XX, visitó Taxco durante su estancia en México en 1931. Aunque en ¡Que viva México! Taxco aparece brevemente, su visita une a Taxco con la historia global del cine.

Durante esas décadas, cámaras de 16 y 35 mm registraron estampas de la ciudad: calles, mercados, rostros, fiestas. Muchos de esos registros —sin sonido, en blanco y negro— son un valioso testimonio de cómo se veía, se sentía y se movía la ciudad. Las imágenes de aquellos viajeros que capturaron a Taxco en celuloide construyen una memoria visual que vale la pena preservar.
Con el auge del cine mexicano, Taxco comenzó a consolidarse como un set natural para producciones cinematográficas. Películas de gran formato encontraron aquí la escenografía perfecta: su arquitectura virreinal, su paisaje montañoso, su aura de misterio.
Aquí filmaron María Félix, Pedro Armendáriz, Emilio “El Indio” Fernández y otros grandes nombres de la Época de Oro del cine nacional. El maestro Luis Buñuel eligió la Ex Hacienda de San Francisco Cuadra para rodar íntegramente su poderosa Abismo de pasiones (1961).


Y, por supuesto, está Macario (1959), la joya de la corona. Dirigida por Roberto Gavaldón, protagonizada por Ignacio López Tarso y con locaciones clave en Taxco, es la película que consagró a la ciudad como parte inseparable del imaginario del cine mexicano. Su estética sombría, su fuerza simbólica y su vínculo con el Día de Muertos la convirtieron en una referencia obligada para el cine nacional… y para nuestra ciudad. Fue la primera cinta mexicana nominada al Óscar como Mejor Película Extranjera.

Menos conocida, es Pepe (1960), una producción hollywoodense protagonizada por Cantinflas, que también eligió Taxco como escenario. Esta cinta marcó un momento en el que la ciudad se proyectó más allá de nuestras fronteras, como locación de alcance internacional.

También en los años cuarenta, Walt Disney visitó Taxco, y poco después nuestra ciudad colonial apareció brevemente en la película animada Los tres caballeros (1944). Y no podemos olvidar la estancia de Marilyn Monroe, que, aunque no filmó en Taxco, dejó una conexión relevante entre la ciudad y la industria cinematográfica internacional —al igual que Audrey Hepburn y muchas figuras más.
Como parte de nuestras labores de archivo e investigación en el Festival Internacional de Cine de Taxco, hemos registrado muchas de estas obras, con el objetivo de preservar y compartir una historia que nos pertenece y nos enorgullece.
Hoy sabemos que más de 100 películas han sido filmadas total o parcialmente en Taxco, pero la historia no se detiene.
Desde el Festival también hemos contribuido activamente a esa continuidad: impulsando proyectos emergentes, coproduciendo documentales, produciendo contenido propio, fomentando networking, y promoviendo a Taxco como locación cinematográfica.
El cine sigue encontrando en Taxco un lenguaje particular, y nosotros, desde esta trinchera cultural, seguimos apostando por hacer de esta ciudad un espacio vivo de creación, registro y transformación.
Taxco no sólo ha sido escenografía: ha sido protagonista.
Y lo seguirá siendo, mientras sigamos mirando, contando y filmando.
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